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Nuestro cerebro tiene fallas, y a veces no nos damos cuenta RSS

© La Gran Imprenta Online, 23 de mayo de 2014 - Visto 1825 veces Deja un comentario Ir a los comentarios

Hace tiempo leí una especie de historia que paso a contaros tal y como la recuerdo tanto tiempo después de conocerla.

los fallos de nuestro cerebro

La Parada de autobús

Hace una noche de perros. Conduces tu coche con la radio puesta por una sinuosa y oscura carretera. Te encuentras bien. La lluvia en la noche te hace sentir aún más a gusto. Fuera hace frío, llueve no hay Luna, pero ahí dentro tú vas como un marajá.

De pronto, al pasar por delante de una parada de autobús en mitad de la nada, te llama la atención que haya tres personas sentadas en el banco de la marquesina. Reduces la velocidad hasta casi detener el coche por completo y miras con más atención:

-Uno de los esperantes es una mujer anciana a la que le ocurre algo, te da la impresión de que está sufriendo un ataque o algo así. Esa señora necesita un médico pero ya.

-El segundo resulta ser alguien que un día te salvo la vida. Es una larga historia, pero te salvó la vida. Si vives ahora, es gracias a él.

-El tercero (y esto tómatelo como quieras) es una persona a la que desde hace mucho, mucho tiempo quieres decirle algo importante. Pero desde hace tanto, tanto tiempo no le habías vuelto a ver. Tienes pendiente una larga conversación con esa persona. Y es importante. Muy importante.

Pero ahora viene uno de esos dilemas que sólo son válidos en la ficción, e imprescindibles para que la historia cierre y nos haga ver algo. Y ese dilema no es otro que en tu coche sólo puede viajar un pasajero.

Llegados a este punto deja de leer un minuto y piénsalo. Analízalo seriamente. Que tu cerebro funcione. ¿Qué harías?

Lo que has pensado

Espero que lo hayas meditado. Si no te autodestruirás en 3 segundos: 3…2…1… Sigues ahí. Bien. El caso es que lo más probable es que tu cerebro haya tomado una de estas tres decisiones:

- Montar a la anciana agonizante y llevarla a toda leche al hospital más cercano.

- Subir a esa persona que te salvó la vida y así compensarla de alguna manera.

-Abrir la puerta del pasajero y llamar ese alguien con quien tienes pendiente esa larga e importantísima conversación desde haca tantos, tantos años.

Así funciona nuestro cerebro

Sin que nadie le dijera nada, dio por hecho que tú seguirías conduciendo el coche. Es extraño, pero él lo ha considerado como algo obligatorio. En ningún lugar de la historia se dice eso. Por tanto, hemos dejado de lado la mejor de las soluciones: Darle al que te salvó la vida las llaves del coche para que lleve a la moribunda anciana al hospital, mientras tú te sientas en el banco de la marquesina a resolver esos asuntos que tienes pendientes desde hace tanto, tanto tiempo.

Es extraño nuestro cerebro.

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