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¿Cuándo comenzaron a retocarse las fotografías? RSS

© La Gran Imprenta Online, 27 de abril de 2018 - Visto 6037 veces Deja un comentario Ir a los comentarios

Imprenta online y fotografía, ¿por qué escribimos este artículo?

Impresión y fotografía están estrechamente relacionadas, las Artes Gráficas le deben mucho a la fotografía y viceversa. Los grabados dieron paso a la impresión de fotos y de esta manera los libros se llenaron de imágenes reales y multiplicaron su difusión. Por otra parte, ambas disciplinas han evolucionado de una manera inimaginable cuando se inventaron, y así han terminado (hasta ahora) siendo una impresión digital y la otra fotografía digital. Son tiempos nuevos, casi recién estrenados, aunque nos parezca, sobre todo a los más jóvenes, que siempre han estado ahí.

Por otra parte, creemos que existe la creencia generalizada de que la llegada de los programas de edición por ordenador como Photoshop ha supuesto el comienzo de la manipulación de las imágenes. En este artículo hacemos un repaso a su historia y nos remontamos hasta los primeros tiempos en que "los retocadores" comenzaron a hacer su trabajo. Y eso sucedió en el año 1851.

Los primeros retoques

Fue el británico W. Henry Fox Talbot el que, en el año 41 del siglo XIX, registró la patente del calotipo, el primer proceso fotográfico con el que se podía, con un sólo negativo, conseguir múltiples copias de la misma fotografía. Una auténtica revolución. Y tan sólo un lustro después, Calvert Richard Jones, de origen galés, llevó a cabo el primer retoque del que se tiene noticias. Se trataba de un retrato de cinco frailes situados en el alto de un edificio en Malta, y he aquí la ilusión: cuatro de ellos halaban animadamente en grupo mientras el quinto, oh Señor, aparecía enmarcado en el cielo de una manera, digamos, que estropeaba la imagen. De manera que Calvert consiguió hacer desaparecer su figura del negativo con la ayuda de tinta china. De esta forma, al revelarlo, la tinta negra bloqueó el haz de luz de la reveladora y el espacio que ocupaba el religioso pasó a ser cielo blanco. No sabemos qué tal le sentó al fraile la desaparición.

Así que, sólo cinco años después de que apareciese el primer negativo de la historia nació el retoque fotográfico. Y desde entonces no se hizo más que buscar nuevos métodos para mejorar el resultado final: raspados con cuchillos, dibujos o pinturas en los negativos. Algo habitual, por ejemplo, era pegar varios negativos para que resultase una única imagen tras el revelado. ¿Cuántas veces habremos oído debatir acerca de si es ético manipular una imagen? Pues esto tampoco es nuevo. Desde el siglo XIX críticos y fotógrafos debatieron sin cesar sobre la ética del retoque.

Los negativos de vidrio

El proceso conocido como de colodión húmedo fue el método más popular para revelar fotografías desde 1851 hasta la década de 1870. El fotógrafo cubría una placa de vidrio con una sustancia llamada colodión para obtener el negativo, luego era impregnado con nitrato de plata para convertirlo en fotosensible... y todo esto antes de colocarlo en la cámara. Sí, algo diferente al proceso actual, hay que reconocer que sí. Estos negativos de placa húmeda debían exponerse y revelarse en un intervalo de 10 minutos, lo que obligaba a los fotógrafos a utilizar cámaras oscuras portátiles. También muy diferente a lo actual.

En 1880, el proceso de la placa seca desplazó casi por completo al sistema húmedo. Consistía en una placa de vidrio recubierta de gelatina y una emulsión de bromuro de plata que se dejaba secar para utilizarse posteriormente. Mucho más cómodo y menos estresante que el anterior. Pero los dos dos procedimientos tenían algo en común: los negativos eran de vidrio, un material que se adaptaba a la perfección al retoque a mano. Los negativos de vidrio de gran formato fueron la regla durante el siglo XIX.

La llegada del plástico

Hasta 1913 no llegaron al mercado los negativos plásticos que se retocaban de la misma manera que sus antecesores. Tras captar imagen, se revelaba y luego, con la ayuda de la química, se conseguía que perdiese su sensibilidad a la luz. Antes de comenzar el proceso de retoque, algunos fotógrafos los barnizaban, lo que servía de capa de protección, antes de comenzar a retocarlos. Otros retocaban, como unos valientes, directamente sobre el negativo y era después cuando añadían barniz para sellarlo.

El trabajo se hacía en un marco de madera sostenido por soportes laterales, lo que permitía cambiar el ángulo de la superficie de trabajo. Este tablón contenía un trozo de vidrio sobre el que se situaba el negativo. Conectado a la base, un espejo ajustable retro iluminaba el negativo. Un trozo de madera que sobresalía, a veces acompañado de cortinas laterales incorporadas o de un trozo de tela tirado sobre todo el artilugio, impedía que la luz brillara sobre el negativo desde arriba.

Fondo recortado.

El grabado, el grafito y la tinta

Para el trabajo de detalle se usaba algo muy semejante a un bisturí. Llamado grabado, este proceso era un trabajo extremadamente delicado. Tan sólo los "retocadores" muy experimentados se atrevían con los grabados extensos. El uso más frecuente del cuchillo por parte del fotógrafo profesional era reducir la cintura en las fotos en la que la protagonista era una mujer.

Atención a este texto de la popular revista "Nueva Foto-Miniatura" publicado en el año 1913: "No hay duda de que la cuchilla para aguafuerte es una de las herramientas más útiles en el departamento de retoque, y sus usos son tan numerosos que es casi imposible enumerarlos todos y cada uno de ellos. Está el hombre o la mujer bizca que desea que se corrija esa falta, el que desea que sus mejillas asimétricas o demasiado prominentes mejoren, que se eliminen los pelos sueltos, las arrugas en los vestidos, que se oscurezcan los pelos, que se enfoquen las figuras movidas, que se ablanden o se quiten las partes indeseables de la figura (...)".

Una vez aclaradas las áreas que lo precisaban, se oscurecían otras usando un lápiz de grafito duro, o un pincel mojado bien en acuarela o en tinta. Pero primero había que preparar la superficie del negativo para que el color pudiera adherirse a él. Para aportar la suficiente aspereza como para absorber el color, se raspaba suavemente con piedra pómez pulverizada o con hueso de sepia. Sí, con hueso de sepia. La mayoría también aplicaba un producto químico que normalmente tenía una base de aguarrás con partes de bálsamo o goma de mascar, lo que permitía rectificar en caso de cometer algún error. Si un "retocador" aplicaba demasiado grafito o tinta, podía disolver el medio de retoque usando aguarrás puro, limpiar el negativo e intentarlo de nuevo.

Los retocadores utilizaban diferentes "toques" o "trazos" del lápiz. El toque sutil era esencial, de lo contrario las manipulaciones eran demasiado obvias y la fotografía quedaba deslucida. Cosa que sigue sucediendo a día de hoy con los programas de edición digital y que es uno de los principales problemas de aquéllos que comienzan a hacer retoques con Photoshop.

Cuchillas para retoque fotografico.
Caballete para retocar fotografias

La cuestión ética

Los retratos eran el tema principal de los retoques, y mientras que los fotógrafos y los críticos discutían sobre la ética y la idoneidad de los retoques en profundidad, la mayoría aceptaba que era necesario, al menos, para eliminar las manchas y pecas en la piel. Después de rellenar tales imperfecciones de la piel, así como cualquier punto en el negativo debido al polvo, el retocador modelaba el cuerpo y la cara de la persona, atenuando los rasgos supuestamente negativos. Las narices, orejas, mandíbulas, cuellos y hombros se mejoraban de acuerdo a los estándares de belleza de la época, mientras que las arrugas fueron reducidas o eliminadas y los huesos o tendones demasiado evidentes se suavizaban. Parece que, poco a poco, lo que ahora llamamos post-producción se fue considerando como parte del proceso creativo y comenzaron a dejarse a un lado los problemas éticos que presentaba la cuestión.

De manera que en los años 50 del siglo XIX, el retoque era ya considerado como algo normal. Podemos afirmar que en aquellos momentos los alemanes estaban a la vanguardia en los métodos de retoque y eran contratados en otros países para que exportaran las técnicas que desarrollaban. Llegada la década de 1870 eran los propios clientes los que insistían en que sus retratos fueran retocados. Venía a ser la cirugía estética de la época.

Para H. Hunt Snelling, un afamado editor y escritor de temas fotográficos, la necesidad de retocar ponía de manifiesto la falta de habilidad del fotógrafo. "El hombre que no puede producir un negativo en la cámara, no es digno de ser denominado fotógrafo", afirmaba.

Por otra parte, también existían opiniones que defendían que, si bien el retoque excesivo era un problema, algunos trabajos manuales eran legítimos, siempre que el trabajo sobre el negativo o la impresión no mostrara ningún rastro en la imagen. Esto sigue teniendo vigor hoy en día, en cuanto a la fotografía que no es descaradamente retocada y que ese proceso forma parte de la creación en sí. Para retrato el retoque era casi ineludible. La opinión más generalizada consistía en pensar que trabajar en el negativo no era algo solamente ético, sino que era necesario y conveniente si lo que se pretendía era imprimir un buen retrato.

Retoque del cuello.

Conclusión

Esa frase tantas y tantas veces repetida de "ahora con Photoshop todo se puede manipular", es algo que debemos replantearnos cuando miramos la Historia de la fotografía. En absoluto, como hemos intentado demostrar en este artículo, la manipulación fotográfica es una consecuencia de los programas de retoque digital.

Lo que sí es cierto es que ahora se ha popularizado y cualquiera en su casa puede alterar una fotografía de mil formas diferentes, llegando incluso a utilizar toda clase de filtros o de acciones automatizadas que hacen el trabajo por nosotros. La figura del "retocador", de aquellos artistas que poseían una técnica y un saber hacer exquisito no se ha perdido. Retocar bien una imagen no es cosa nada sencilla, con o sin Photoshop. Es un arte que precisa de muchas horas de estudio y de práctica.


Créditos de las imágenes

Las fotografías pertenecen al libro The book of photography, practical, theoretic and applied; publicado en el año 1907 por Paul N. Hasluck. Actualmente está disponible en archive.org y su utilización es de dominio público.


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